📜 San Lucas 9, 1-6 Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación.
🪐¿Qué es la vida? ¿Qué es el amor? ¿Qué es la muerte? Desde que existen hombres que piensan, estas preguntas fundamentales han surgido siempre en su espíritu. ¿Acaso el hombre mismo no aparece a la mirada penetrante de los filósofos como siendo a la vez homo faber, homo ludens, homo sapiens, homo religiosus? ¿Y no es a este hombre a quien la Iglesia de Jesucristo quiere proponer la buena noticia de la salvación, portadora de esperanza para todos a lo largo del flujo de generaciones y el reflujo de civilizaciones?
🪐Pero he aquí que desde el Renacimiento el hombre moderno se ha levantado en gigantesco desafío contra este mensaje de salvación, y se ha puesto a rechazar a Dios en nombre precisamente de su dignidad de hombre. Reservado primero a un pequeño grupo de espíritus, a la "intelligentsia", que se consideraba como una minoría selecta, el ateísmo se ha convertido hoy en fenómeno de masas que embiste a las Iglesias. Más aún, las penetra desde dentro como si los mismos creyentes, comprendidos los que se proclaman de Jesucristo, encontraran en sí mismos una secreta connivencia destructora de la fe en Dios, en nombre de la autonomía y dignidad del hombre.
🪐Se trata de un "verdadero secularismo". "Una concepción del mundo según la cual este último se explica por sí mismo sin que sea necesario recurrir a Dios; Dios resultaría, pues, superfluo y hasta un obstáculo. Dicho secularismo, para reconocer el poder del hombre, acaba por olvidar a Dios e incluso renegar de El" (EN 55).
🪐A todos los que no comparten nuestra fe en Dios en nombre de su fe en el hombre queremos decir con fuerza: también nosotros, igual o más que vosotros si ello es posible, tenemos respeto al hombre. También nosotros queremos ayudaros a descubrir y compartir con nosotros la gozosa noticia del amor de Dios, del Dios que es fuente y fundamento de la grandeza del hombre, hijo de Dios él también y que ha llegado a ser hermano nuestro en Jesucristo.
(San Juan Pablo II, papa)