📜 San Lucas 9, 43-45 Jesús dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.
✝️La cruz da miedo. Pero seguir a Jesús significa inevitablemente aceptar la cruz que se presenta a cada cristiano. Y a la Virgen —que sabe, por haberlo vivido, cómo se está junto a la cruz— debemos pedirle la gracia de no huir de la cruz, incluso si tenemos miedo.
✝️Los discípulos, estaban tan absorbidos por el clima de fiesta que no comprendieron estas palabras. Y tenían miedo de interrogarle sobre esto. Mejor no hablar de ello. Mejor no comprender la verdad. Tenían miedo a la cruz.
✝️En verdad, también Jesús le tenía miedo. Incluso le pidió a Dios: «Padre aleja de mí este cáliz»; pero, agregó, «que se cumpla tu voluntad. Y esta es la diferencia. La cruz nos da miedo.
✝️Esto es también lo que sucede cuando nos comprometemos en el testimonio del Evangelio, en el seguimiento de Jesús. Estamos todos contentos, pero no nos preguntamos más, no hablamos de la cruz. Sin embargo como existe la «regla que el discípulo no es más que el maestro» —una regla que se respeta— existe también la regla por la que «no hay redención sin derramamiento de sangre». Y «no hay trabajo apostólico fecundo sin la cruz».
✝️Cada uno de nosotros puede tal vez pensar: ¿a mí qué me sucederá? ¿Cómo será mi cruz? No lo sabemos, pero estará y debemos pedir la gracia de no huir de la cruz cuando llegue.
(Papa Francisco)