📜 San Lucas 14, 15-24 Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse.
🥗🍴Ante esa generosidad, esa universalidad de la celebración surge esa actitud que cierra el corazón: «No voy. Prefiero estar solo, con la gente que me agrada, aislado». Y este es el pecado; el pecado del pueblo de Israel, el pecado de todos nosotros. El aislamiento. «No, esto es más importante para mí que esto. No, lo mío». Siempre lo mío.
🥗🍴Y en el camino de la vida, a menudo nos enfrentaremos a esta elección, a esta opción: o la generosidad del Señor, ir a buscar al Señor, encontrarnos con el Señor, o aislarnos en nuestras propias cosas, en nuestros propios intereses.
🥗🍴Por eso el Señor, hablando de uno de los aislamientos, dijo que es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. Pero hay ricos buenos y santos que no están apegados a las riquezas. Pero la mayoría está apegada a las riquezas, aislada. Y por esta razón, no pueden comprender lo que es la celebración. Pero tienen la seguridad de las cosas que pueden tocar.
🥗🍴Reflexionemos sobre esta parábola que el Señor nos da hoy. ¿Cómo va nuestra vida? ¿Qué prefiero? ¿Aceptar siempre la invitación del Señor o encerrarme en mis propias cosas, en mis pequeñeces? Y pidamos al Señor la gracia de aceptar siempre su banquete, que es gratuito.
(papa Francisco)