📖 San Lucas 16, 1-8 Jesús dijo a sus discípulos: Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador.
🛠️El hombre es responsable de todos los bienes que Dios le ha confiado desde el principio... A vosotros os incumbe, por tanto, la responsabilidad de hacer que fructifiquen y que sirvan para el bienestar de todos. Nadie debe olvidar que los bienes que Dios ha confiado al hombre tienen un destino universal y, por consiguiente, no pueden ser patrimonio exclusivo de pocos, sean éstos individuos, grupos o naciones.
🛠️Por ello, quienes desempeñan la responsabilidad de administrar los bienes de la creación han de tener en cuenta —en conformidad con la voluntad divina—no sólo las propias necesidades, sino también las de todos los demás, de tal manera que nadie, pero sobre todo los más pobres, quede excluido del acceso a dichos bienes.
🛠️Necesitáis del trabajo para atender a las necesidades vitales. Pero mucho más que una necesidad biológica, el trabajo es una necesidad moral. El hombre se realiza mediante su actividad creadora, por ella percibe mejor su condición de imagen de Dios, dueño y señor de la creación, por el trabajo se hace más hombre. Por lo tanto, es preciso que el trabajo sea también un camino de liberación, hay que liberar el trabajo de todo aquello que impide el desarrollo del hombre como imagen de Dios. El trabajo debe siempre elevar a la persona en su dignidad y no degradarla jamás.
🛠️Puesto que el hombre ha menester del trabajo para su realización como tal tiene derecho a él, esto es, a una ocupación digna que contribuya a su perfeccionamiento. Ya se ve cuán grave y central es el problema de que no haya puestos de trabajo para todos y de que, a pesar de vuestro empeño y capacitación profesional, no todos tengáis acceso a aquellos.
(San Juan Pablo II, papa)